Hemos hablado en otras ocasiones acerca del aporte del chamanismo a las diferentes culturas y prácticas. La conexión entre el taoísmo y el chamanismo es muy directa. De hecho el taoísmo es una síntesis sobre prácticas chamánicas de la China antigua.

Para adentrarnos un poco más en el tao es importante saber que éste es una sensación, la cual se cultiva. Dentro del chamanismo existen muchas prácticas referentes que pueden servir para tener una sensación de esa fuente inagotable que alimenta todo lo que existe.

Basta con aprender a sentir el vacío que dejamos al caminar o movernos, prestando atención a las partes huecas como la parte superior de las pantorrillas, la parte lumbar de la espalda y también en los brazos.

Esa sensación de vacío la ampliamos hasta que abarque el cuerpo y la usamos cada vez más para que los movimientos sean impulsados por esa fuerza. Con esto  de a poco vamos a lograr sentir una fuerza que es como potencia impulsora.

La intención es que nuestros actos sean enervados por está fuerza, tanto que de hecho podemos aprender a dejar que la energía fluya a través de nosotros y luego ser conscientes de las acciones, que son naturales cuando la fuerza guía nuestros actos. Esto es conocido como wey wu wey o hacer sin hacer. Que es la base del taoísmo.

Esta fuerza, a medida que la vas atesorando puedes llegar a un estado de consciencia el cual te permite entrar tu mente en un punto centrado tan delgado como el filo de una navaja bien afilada. En ese espacio se encuentra una sensación contenida de vacío y potencia, la cual generalmente se manifiesta cuando meditamos en la sensación del cuerpo.


Cuanto más tratas de comprender o contener esta fuerza, se disipa, mientras tratas de pensarla o razonarla se pierde, pero cuando está, sólo eres. A esa sensación generalmente se le llama tao. Esa fuente inagotable cuando la dejas ser y sigues ese estado de desvanecimiento es como encontrar el big bang que se reproduce dentro de uno y fluye, y genera una explosión interna que se retroalimenta a si misma.

Percibir esta fuente es el fundamento de la vida, pues desde allí tienes una sensación de que es el universo y todo es igual que ese flujo, todo lo material y visible simplemente sigue ese principio y es lo que da un sentido a todas las cosas, y quizás sea tan difícil en las sociedades actuales comprender el hacia donde vamos o de dónde venimos, pues no podemos sentir en nosotros el flujo del tao. De otro modo esta cuestión, aunque no sea fácil de colocar en palabras, sería interiormente entendible para nosotros.

Así que simplemente volver a esa sensación es la base de lo que somos, es el principio de nuestro camino como seres humanos y que en las culturas ancestrales esta sensación era la base del comportamiento así como de todas las decisiones. Tal como afirmaba Lao Tse una vez existió una sociedad que veneraba al tao y seguía sus leyes.

Quizás esta sociedad no fue una utopía para tratar de explicar sus enseñanzas sino que simplemente muchas de las prácticas de aquel entonces fueron el recuerdo de lo que una vez fue una sociedad más equilibrada.

Con esto no solo quiero afirmar la unión de las prácticas chamánicas con el taoísmo, sino además dar un sentido a esta forma de vida, que para muchos, todavía es la forma básica para establecer su camino como personas, pero muchas veces se agotan en el formalismo de lo que podría ser y no en la sensación plena del tao. Que esta sensación es más que algo somero, sino que es la base de quien somos y desde esta se establecen hasta los patrones de convivencia útiles para compartir y hacer cualquier actividad en conjunto o para aclararse como individuos.

Albert Suazo

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